José María y su hermana Eugenia salen cada fin de semana desde su barrio de Recoletos, donde tienen la casa familiar, hasta llegar a las zonas de copas de Ponzano, tan de moda desde hace unos años, para tomar el aperitivo junto a sus amigos y luego de cenar, salir a terminar la noche en los clubes más de moda de Madrid donde el reguetón y el trap los atrapa sin posibilidad alguna de escape. Ambos son lo que se puede decir, dos gotas de aguas, ya que son mellizos. Esa condición les ha marcado la vida para bien, pues son inseparables. Se consideran los mejores amigos a pesar de que tener diferentes sexos, les haga obviamente poseer diferentes gustos e intereses. Aun así, han conseguido ser un equipo donde la opinión de cada uno de ellos prevalece por encima de cualquiera ajeno a ese tándem tan complementados el uno con el otro. Ellos son inquebrantables desde que vinieron al mundo el primero de enero de 1999, justo cuando en Europa se estrenaba el flamante euro. Sus padres vieron en ello una hermosa y oportuna señal de prosperidad para la familia. Para ellos, son prácticamente unos niños aun, y aunque ambos cursan segundo año de económicas en la complutense, su vida esta bastante alejada de ser ratas de biblioteca devorando libros para ayudar a su erudición. Cada noche tienen algo que hacer totalmente opuesto a los estudios. Les encanta beber, típico de la edad, y se apuntan a cualquier botellón que surja entre sus amigos. Los fines de semana se especializan en las discos con música latina tan de moda. Ambos convencen a sus padres de que, para estudiar, habrá tiempo, justo con dos horas antes de los exámenes les es suficiente. Eugenia tiene novio y esta orgullosísima de él. El chico de 26 años y es dj en una de las discos que frecuenta la joven y se siente totalmente perdida por él. Con este nuevo escenario las puertas de las discos están abiertas de par en par para los dos hermanos que no pierden oportunidad de disfrutar al máximo de su juventud. Con la chispeante nueva relación de su hermana, José María no se siente fuera de la foto, sabe el amor que se profesan ambos y le deja espacio a la hermana para que sea ella misma, pero siempre sin perderle de vista. Suele ser muy sobreprotector, pero sin caer en el ridículo.

Al final del confinamiento, que duró casi cuatro meses, se lanzaron a la reconquista de los espacios de ocio sin ningún temor, como si afuera no existiese un virus acechando que no respeta edades, razas y mucho menos clases sociales. Era esencial ponerse al día con la última canción de moda, aprenderse la más reciente letra de Bad Bunny y subir a sus redes sociales lo bien que se lo pasan entre las luces brillantes, los ricos cubatas y la música ensordecedora de las discotecas mientras el mundo sigue en silencio. Pasaron demasiado tiempo encerrados en casa y estaban casi desesperados por retomar su habitual modo de diversión. Ambos se quejaban constantemente, de que estaban perdiendo mucho tiempo de su vida, por culpa de las ilógicas medidas de aislamiento impuesto por los rojos del gobierno, cuando ambos sabían muy bien, que el covid no es más que una simple gripe que solo es peligrosa para los ancianos. Ante el temor paterno, les explican a sus padres, entre risas y bromas, de que, si el gobierno de la ciudad permite que las discos estén abiertas, es que no debe haber tanto peligro entonces, y despreocupados abandonan su casa hasta cuatro veces por semana, para darle a sus juveniles cuerpos placer sensorial y conseguir la enajenación mental que tanto han añorado durante todo este tiempo.

En la familia todos están muy preocupados. Eugenia esta contagiada por el covid y se mantiene confinada en su habitación desde hace tres días. Las fiebres altas no le dan tregua y su rostro cansado y ojeroso denota una profunda depresión y mucho miedo. No quiere hablar con nadie y no soporta que la vean de esa manera. Su hermano intenta estar allí para ella, pero ni siquiera a el le permite que la vea. Tanto José María como sus padres están muy preocupados por ella, pero sobre todo el hermano por temor de perder a su alma gemela. El novio de Eugenia lleva enfermo hace dos semanas también, y parece ser, que él le contagio. Ahora sus padres acusan al novio de imprudente, pero el hermano bien sabe que el novio poca culpa tiene. Eugenia siempre supo que estaba contagiado, pero decidió ocultarlo para no tener que dar explicaciones ni apartar su dinámica vital así que no le dio ningún tipo de importancia a ello, y siguió frecuentándolo a pesar de los rechazos del novio. Hoy todos cruzan los dedos esperando que Eugenia salga pronto del mal trance. Tocaría hacerle ver lo errada que esta, tocaría aprender de los errores, pero en casa, esas cosas poco importan, creen que los demás se tienen que atener a ciertas leyes, pero ellos no entran en eso. Afuera la ciudad toma medidas drásticas para prohibir el movimiento desde el sur de la ciudad hacia el centro, muchos “no están de acuerdo con el modo de vida los inmigrantes” culpándolos del aumento de casos. Pero en la casa familiar de José María y Eugenia en Recoletos existe una realidad paralela

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